Sin alternativas


Le robó una parte de su cuerpo, un trozo de su vida. La muerte fue la ladrona, condenándole a vivir incompleto, siempre con la sensación que algo, que alguien le faltaba. Sin alternativas, lloró desconsolado la muerte de la persona que más había amado. La muerte le quebró en cientos de trozos, cientos de piezas que iban cayendo mientras los minutos iban pasando. Cada pieza caída era una lágrima que escapaba al recuerdo.

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Acerca de Julio Muñoz

He escrito tanto sobre mí que poco a poco me estoy convirtiendo en palabras, por eso, búscame en ellas. Ver todas las entradas de Julio Muñoz

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