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Mar

  • El tiempo es como ese río que no tiene mar para desembocar, infinito, sólo nos queda luchar por no dejarnos arrastrar.
  • Últimamente todos acabamos ahogados en el mismo mar aunque veamos diferentes horizontes.
  • Nadie calma mi mar, nada naufraga en mis mareas.
  • Espero tu mejor marea para lanzarme de cabeza.
  • El mar rompe en tus pies mientras me ahogo en tus recuerdos.
  • Quemar en calma.
  • Déjenle llover, nunca vio el mar.
  • Mar que teme amar, mar sin marea.
  • Yo el mar abarco.
  • Soy naufrago sin mar.
  • Tu ola me marea, no acaba de romper.
  • Sabía bailar con el mar, de puntillas elevaba las olas enroscándolas en su cuerpo, y como gran final, se convertía en espuma.
  • Necesito escribir del mar sin ahogar mis palabras.
  • A medio camino de ahogarme en tu mar.
  • Que te devuelvan el mar, se te ve muy seco.
  • Huir al mar sin que te ahogues en el camino.
  • Mi mar es tu niebla.
  • Aprendiste del mar a venir y marchar, mientras te mareas, yo aprendo a nadar en ti.
  • El llanto se hace sal y desemboca en el mar.
  • El mar esta agotado, hace mucho que nadie le llueve.
  • Rompes olas mientras te mareas.
  • No es mar si no marea.
  • Contienes el mar en los ojos, tu mirada, fuerte oleaje.
  • Se acostó con el mar y despertó en llamas.
  • Ya no me regalas olas, tu marea es sólo despedida.
  • Enséñame un mar nuevo, este ya esta seco.
  • Un cuento que comience en el mar y naufrague en tu boca.
  • Cansada de ver las olas romper, enrollo el mar y lo subió a una montaña, desde allí lo dejó caer formando una inmensa cascada azul.
  • A otro mar con esa luna.
  • El mar se rompe en miles de islas desiertas.
  • Soñó con el mar y despertó desierto.
  • No hay mar que cien lunas dure.
  • El mar tocó fondo.
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Desenlace

Abre la mano y deja caer el cuchillo ensangrentado que aún sostiene, no sabe lo que ha hecho, no sabe cómo lo ha hecho. Un grito ahogado se escucha en su cabeza, un grito profundo emana de su garganta, de sus entrañas, gutural y silencioso, su vida se ha quebrado, los restos que quedaban de ella se desmoronan en su interior.

Las lágrimas no brotan, no encuentra el ruido que rompa con tanto silencio. Un silencio oscuro, pantanoso, que se pega a su cuerpo. Lame la sangre de la mano con la que ha ensartado el cuchillo en el cuello del que yace sin vida en el suelo,  lo lame para recordar que ésa sangre dio vida al cuerpo que ella amaba, en pasado, lo ha arrebatado toda esperanza, lo ha ahogado hasta dejarlo sin vida.

Se tumba junto a él, los dos yacen sobre el mismo charco de sangre, inmóviles. Coge el cuchillo de nuevo, lo mira, es la llave que ha abierto la puerta a su libertad pero también le ha introducido en un nuevo laberinto que no sabe si podrá soportar, ya está cansada de caminar con las cadenas atadas a sus tobillos.

Mira a los ojos del cadáver y siente esa mirada profunda que sólo los muertos tienen. Un escalofrío sube hasta su garganta, muda, su cuerpo tirita por el terror. Empuña con fuerza el arma sin dejar de mirarlo a los ojos y separa su garganta en dos, uniendo su sangre con la de él.

La oscuridad invadió sus ojos, la paz añorada llega por fin a su cuerpo.