Archivo de la etiqueta: ClubSeis

Experiencia


Abrió los ojos y miró a su lado. Lo encontró tendido, dormido, desnudo e indefenso. Le observó detenidamente como sólo puede mirar una persona que te conoce hasta las entrañas, le sintió lejano, en los pocos centímetros que les separaba se había instalado un frío glaciar. Comenzó a tocar su piel con la punta de los dedos sin sentir nada. En su interior una pregunta que hacía mucho tiempo se le repetía:

-¿Por qué sigues aquí?

Era como si la voz de su niño interior le avisara de algo que nunca quiso oír. Él sabía que no lo quería, pero quería quererlo, la experiencia adquirida a lo largo de dolorosas relaciones le afirmaba que eso no era posible, con querer no es suficiente.

No quería hacerle daño, sabia que lo estaba haciendo daño. La persona que dormía junto a él si lo quería, tanto que a él lo atemorizaba, lo paralizaba, lo dejaba en blanco.


Caja

Se cansó del dolor en su corazón, se agotó de los puñales clavados en él. Ahora lo guarda en una caja de cristal, todas las mañanas antes de salir de casa se lo arranca del pecho de un sólo tirón y aún goteando sangre lo deposita en la caja, la cierra y lo mira latir lentamente. Así no le harán daño, ha construido un escudo contra el dolor llenando su pecho de vacío. Todas las noches cuando llega a casa lo ve agotado, le cuesta latir, lo saca rápidamente de la caja, se lo vuelve a colocar en el hueco y vuelve a sentir todo lo que le da miedo, vuelve el dolor porque vuelve a ser real.  Se ha dado cuenta que la grieta que se abre en su pecho cada día es más grande, piensa, busca una solución, tiene miedo que un día el corazón lleno de tanta soledad deje de latir y ya no tenga remedio. Hoy se levanta, y ve la caja, hoy ya no quiere guardar su corazón, hoy se introduce él dentro y cierra la tapa. Ya no tiene miedo, ahora nos mira a todos pasar guardado en su caja de cristal.


Furtivos

Furtivas  caricias que se esconden de las miradas que hieren.

Furtivos  silencios que esconden lo que se necesita decir.

Furtivas  miradas que abarcan todo desde la nada.

Furtivos  sentimientos que abrasan las entrañas.

Soy furtivo en tus sueños, tú lo eres de mis desvelos.


Renacer



 

Su forma de burlar a la vida era renacer en cada mañana, arrancar una sonrisa a ese ajado rostro que lo miraba fijamente en el espejo antes de que el Sol hiciera acto de presencia en las calles. Los años los llevaba como losas cargadas a su espalda, como musgo que invadía por completo su piel, pero nunca olvidaba el niño que vivía en su interior. Lo recordaba frágil, lo imaginaba feliz, ansioso por seguir creciendo en su interior, entre sus manos. Todas las mañanas se lo decía seriamente;

-Vigila tu vida, no dejes caer a ese niño que duerme entre tus manos, a ese niño que cada día renace con más fuerza para recordarte que aún sigues vivo, que la muerte puede esperar, que éste cuerpo sólo es la carcel.

Todas las mañanas sonreía cuando dejaba atrás el espejo, todos los días los vivía como si fuese el último.

 


Puntos

Caminaba de persona a persona, cerrando historias que no podía acabar, que no sabía continuar, por miedo a sentir de verdad, a saberse querido. Cada día más cobarde, lo sabía, cada vez que comenzaba una historia, una voz en su interior le gritaba que nunca lo acabaría, como siempre, comenzaría a saltar de excusa en excusa hasta encontrar el atajo para colocar el punto que ya tanto usaba, un punto descolorido, desdibujado. Un borrón, es en lo que él se había convertido. En cuanto encontraba alguien que lo quería volver a dibujar, ayudarlo a encontrar de nuevo su forma, él volvía a convertirse en un punto que lo cerraba todo, se cerraba en si mismo y no dejaba que nadie se acercase. Siempre lleno de dudas, sin divisar el horizonte, sin querer ver ese horizonte que tanto miedo le da. Se esta convirtiendo en puntos suspensivos, puntos que no dicen nada, que no acaban nada. Nada…


Huellas

La única alternativa a la soledad es seguir caminando para encontrarte a ti mismo, para buscar el aire que te de respiro, dejando huellas en la arena de tu desierto, huellas que dibujan el camino para que alguien puede encontrarte vagando en la eternidad.


Sin alternativas

Le robó una parte de su cuerpo, un trozo de su vida. La muerte fue la ladrona, condenándole a vivir incompleto, siempre con la sensación que algo, que alguien le faltaba. Sin alternativas, lloró desconsolado la muerte de la persona que más había amado. La muerte le quebró en cientos de trozos, cientos de piezas que iban cayendo mientras los minutos iban pasando. Cada pieza caída era una lágrima que escapaba al recuerdo.