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Desenlace

Abre la mano y deja caer el cuchillo ensangrentado que aún sostiene, no sabe lo que ha hecho, no sabe cómo lo ha hecho. Un grito ahogado se escucha en su cabeza, un grito profundo emana de su garganta, de sus entrañas, gutural y silencioso, su vida se ha quebrado, los restos que quedaban de ella se desmoronan en su interior.

Las lágrimas no brotan, no encuentra el ruido que rompa con tanto silencio. Un silencio oscuro, pantanoso, que se pega a su cuerpo. Lame la sangre de la mano con la que ha ensartado el cuchillo en el cuello del que yace sin vida en el suelo,  lo lame para recordar que ésa sangre dio vida al cuerpo que ella amaba, en pasado, lo ha arrebatado toda esperanza, lo ha ahogado hasta dejarlo sin vida.

Se tumba junto a él, los dos yacen sobre el mismo charco de sangre, inmóviles. Coge el cuchillo de nuevo, lo mira, es la llave que ha abierto la puerta a su libertad pero también le ha introducido en un nuevo laberinto que no sabe si podrá soportar, ya está cansada de caminar con las cadenas atadas a sus tobillos.

Mira a los ojos del cadáver y siente esa mirada profunda que sólo los muertos tienen. Un escalofrío sube hasta su garganta, muda, su cuerpo tirita por el terror. Empuña con fuerza el arma sin dejar de mirarlo a los ojos y separa su garganta en dos, uniendo su sangre con la de él.

La oscuridad invadió sus ojos, la paz añorada llega por fin a su cuerpo.

 

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¿Amor?

 

Lento y humillado camina de rodillas, mostrando su piel, sus entrañas, desnudando sueños y miedos. El amor ha convertido su vida en una constante penitencia, un paso doloroso de Semana Santa. En silencio, entre la oscuridad, camina tras el ser amado, que lo ignora, lo castiga. Cabeza gacha, la mirada ciega, sólo dentro la imagen de su amado, de su verdugo, nada más lo rodea, sólo puede ver sus pies que le indican el camino. Cada paso, cada huella se convierte en una llaga que lacera su piel, sus recuerdos. En cada silencio deja un trozo de él, convirtiéndose en el perfecto amante, el que no respira, el que ya no mira, en nadie. Sólo es de aquel que lo va borrando. Una pertenencia, un laberinto del que no puede huir, del que no quiere escapar.


Un año lleno de tuits

Se acaba el año y el 2010 se caracterizará por una cosa que los que esteis leyendo creo también os ha marcado; Twitter.

Justamente el 30 de Junio yo abrí una cuenta en Twitter por pura curiosidad, los dos primeros días (como todo el mundo, sospecho) no me enteraba de nada, no le veía utilidad e incluso estuve a punto de borrarla porque no entendía para qué servía.

Fue justo cuando me tope con un tuitero que escribía versos (fue todo un descubrimiento) ese tuitero se llamaba @HydeJG (bueno, en un principio era @HydeJoseGijon26 , creo) me picó la curiosidad y le seguí. Descubrir una comundidad literaria en Twitter fue lo mejor que podía haberme pasado en ésta vida 2.0.

Aquí estoy, tras casi ya 6 meses en Twitter escribiendo un post en el blog que cree para trasportar Twitter a un formato más amplio. En conmemoración de esos seis meses y porque el año está en sus últimos suspiros aquí voy a dejar algunos de mis tuits escritos a lo largo de estos seis meses. Algunos son los más “faveados” los más “retuiteados” o simplemente son algunos de los que más cariño tengo. Cada frase es el propio enlace para ver el tuit en su formato original, en él podréis ver el día en el que lo cree.

Ahí van algunos de los que más han gustado:

Un tuit que acabó por convertirse en mi biografía tuitera:

El personaje del “mesero” también ha dado mucho juego:

Mi microcuento preferido:

Otros tuits:

Me estaré olvidando de muchos otros, pero bueno, ya se sabe, no son todos los que están, pero los que están son. Espero les guste esta especie de grandes éxitos tuitero. No tengo más que decir que pasen un feliz fin de año y un genial e inspirador año nuevo. Un abrazo a todos los que me leen en Twitter y en los demás sitios donde escribo.


Asomada

Todas las tardes, justo cuando el Sol iba a ser devorado por el horizonte, Helena marchaba corriendo de su casa hasta el río junto a su casa. En él vivía una extraña persona que siempre vestía igual que ella, hacía sus mismos gestos y la hacía las mismas burlas que ella la regalaba. Esta tarde, asomada al agua, la dijo en voz alta,  gritando:

-¡Deja de imitarme!

Sorprendida, comprobó que aunque vestía el mismo vestido y hacía los mismos gestos, no hubo voz. Pensó que esa chica que tanto se parecía a ella, simplemente quería compañía. Un sentimiento de pena la invadió todo su cuerpo, quería liberar a esa niña encerrada en el agua. Durante días, se la pudo ver asomada en el mismo rincón de siempre, pensativa, hasta que una tarde, se la ocurrió una idea. Entraría en el agua y rescataría a su fiel amiga. Se quitó los zapatos y cuidadosamente entró en el agua, estaba muy fría, el tacto del barro en los pies la desagradaba y el roce de un pequeño pez en las piernas hizo que perdiera el equilibrio y al caer se dio con una roca en la cabeza. Quedó tendida, sangrando, flotando, convertida en el reflejo que tanta pena le daba. Asomada al otro lado del agua, esperando eternamente a que llegara otra niña para jugar con ella.

Relato mío extraído del blog de ClubSeis. Forma parte del proyecto de literatura de éste mismo.

http://www.clubseis.com.ar/?p=494#comments